De tanto fisgonear, Bustrófedon despertó convertido en mirilla.
En su esfuerzo por ser cada vez más placentera, la pornografía desarrolló todo un lenguaje: dos cámaras (una para los genitales, otra para las reacciones), desmontaje escénico y reconstrucción (a la usanza del primer hollywood), elipsis en función de la excitación y sobre todas las cosas, un recorte presupuestal a la estructura aristotélica :¿para qué necesitamos tres actos si solamente en uno hay sexo?
No negamos que la estructura pornográfica se haya renovado con las nuevas tecnologías: porno voyeur, webcams, chats, etcétera. Sin embargo, su elemento esencial subsiste: el lenguaje. ¿Cómo se inserta el deseo a-lingüístico en una narrativa estructurada? De tal pregunta la industria pornográfica ha articulado toda una maquinaria con un solo fin: la destrucción del espectador.
El problema esencial no es que la pornografía pervierta al sujeto sino que la pornografía elimina el poder subversivo del deseo. Para revelar los mecanismos de la pornografía, tomo como ejemplo el lenguaje arquetípico del porno ochenteno. Sin embargo, como no es de mi interés crear pornografía, prefiero tomar una cinta policiaca y desmontarla. ¿qué obtenemos? crimen sin justificación, puros genitales, sonido en función del efectismo y la completa esquizofrenia del tiempo narrativo.
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