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	<title>bustrófedon &#187; Alan Sobrino</title>
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	<description>En Bustrófedon hacemos ficción.</description>
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		<title>Fonema Errante</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 23:05:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alan Sobrino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Número 2: El segundo]]></category>

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		<description><![CDATA[Me costó trabajo entender porque mis padres no hablaban, porque siempre agitaban las manos en el aire como si quisieran decir algo. Quizás el culpable fue Kalimán o el Llanero solitario, pero mis primeras palabras eran bosquejos de frases escuchadas en algún comercial de lavadoras que presumía dejar la ropa impecable después del chaca-chaca: aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me costó trabajo entender porque mis padres no hablaban, porque siempre agitaban las manos en el aire como si quisieran decir algo. Quizás el culpable fue Kalimán o el Llanero solitario, pero mis primeras palabras eran bosquejos de frases escuchadas en algún comercial de lavadoras que presumía dejar la ropa impecable después del chaca-chaca: aún no entiendo bien aquel comercial.</p>
<p>Me pregunto por qué nadie ha inventado una aspiradora con silenciador.</p>
<p>Trato de evitar la &#8220;y&#8221;. Toda la infancia fui vituperiado por mis compañeros por hablar chistoso, con distintos tonos. Por gritar los goles como Ángel Fernandez, por responderle a la maestra con canciones y por relatar eventos con palabras como: &#8220;el siniestro&#8221; o &#8220;los sucesos acontecieron&#8221;.</p>
<p>Me gusta el silencio y las mujeres con pecas. Ellas me desprecian rodeadas de ruido.</p>
<p>Creo que empecé a evitar algunas palabras cuando cumplí dieciocho, inclusive escribirlas, por alguna razón me abruman las letras muy grandes, como en los espectaculares o los anuncios.</p>
<p>Es difícil explicar la vida cuando aprendiste a hablar con la televisión, cuando sólo te retroalimentan mujeres lejanas u hombres vestidos de grillos.</p>
<p>No me gustan los correctores de tinta ni los sordomudos, aunque prefiero lo primero que lo segundo.</p>
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		<title>Peca por peca</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jul 2010 01:45:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alan Sobrino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Numero 1: Mirilla]]></category>

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		<description><![CDATA[Las braguitas descienden por sus piernas apenas rozando la estirada carne que está lejos de asemejarse a aquella piel de juventud. No se pone bata, ni se cubre de ninguna manera; se sabe sola. No hay velas ni espuma ni mucho menos una botella de champagne. Tan solo una burda cerveza cuyo frío contrasta con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las braguitas descienden por sus piernas apenas rozando la estirada carne que está lejos de asemejarse a aquella piel de juventud. No se pone bata, ni se cubre de ninguna manera; se sabe sola.</p>
<p>No hay velas ni espuma ni mucho menos una botella de champagne. Tan solo una burda cerveza cuyo frío contrasta con el vapor que despide el agua en la tina. No podríamos precisar la marca de la cerveza pues la etiqueta se ha desprendido.</p>
<p>De sus pensamientos no alcanzaríamos a barruntar nada, pero si lo hiciéramos seguramente diríamos que se va a masturbar, la desnudez nos obliga a pensarlo.</p>
<p>Se seca las manos con una toalla previamente acomodada al alcance de las manos para no tener que abandonar la bañera, cerca también, encuentra una revista para mujeres, cuyo target son las féminas mayores de treinta años. En la revista encuentra un vestido roja de una tela desconocida. Salta la pagina sin siquiera imaginarse en aquel vestido.</p>
<p>Sale de la bañera y el agua asentada en su cuerpo se precipita violentamente de vuelta hacia la tina. Se mira al espejo, evita la báscula. Se sienta desnuda sobre el asiento del escusado, allí atiende las uñas de sus pies. Las corta, lima y por último utiliza un barniz comprado en Colombia que lleva el nombre de coqueta.</p>
<p>Peina con los dedos sus descuidados vellos púbico, aunque pronto los deja.</p>
<p>Con el cepillo que planeaba usar para peinarse comienza a contar sus pecas y lunares, decide que prefiere las pecas, todos lo hacemos.</p>
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		<title>Tinta de desierto</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 12:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alan Sobrino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Número 0: Planta Baja]]></category>
		<category><![CDATA[Astrid Novamendi]]></category>
		<category><![CDATA[pedonecrozoofilia]]></category>
		<category><![CDATA[pisco]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñando]]></category>
		<category><![CDATA[tortura]]></category>
		<category><![CDATA[tripas]]></category>

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		<description><![CDATA[Los desiertos de la muerte en la obra de Astrid Novamendi “Tinta de desierto” (Ediciones en negativo, 2009) es la nueva novela de la brillantísima autora guatemalteca Astrid Novamendi. De publicación reciente, la autora se confirma como una de las más antiguas promesas de la literatura guatemalteca; desafortunadamente la mayoría de los países (y su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los desiertos de la muerte en la obra de Astrid Novamendi</strong></p>
<p style="text-align: justify;">“Tinta de desierto” (Ediciones en negativo, 2009) es la nueva novela de la brillantísima autora guatemalteca Astrid Novamendi.  De publicación reciente, la autora se confirma como una de las más antiguas promesas de la literatura guatemalteca; desafortunadamente la mayoría de los países (y su editoriales) se han olvidado de la que ya podría ser una de las voces más influyentes de esta primera parte del siglo, solo comparable con Roberto Bolaño o Ricardo Piglia.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta última novela de Novamedi es solo apta para lectores acostumbrados a bañarse en tinas de mercurio, al más puro estilo de Cocteau. El texto comienza con un extraño suicidio en el desierto: un enano que viaja desde la capital guatemalteca hasta el desierto de Altar en Sonora para beber un galón de tinta de tonner, aquella que es usada en fotocopiadoras. A partir de la muerte del enano se desencadenan una serie de personajes poco comunes: Mariachis pedo/necro/zoofilicos, es decir músicos folclóricos que se excitan con cachorritos muertos o se introducen viboritas muertas en el ano, prostitutas falsas que se dedican a plantar ropa interior con sus fluidos en automóviles de hombres decentes, un mimo que sueña con ser abogado y una niña que esta decidida a construir una fabrica de pecas. Tejiendo la vida de estos curiosos personajes como Moira posmoderna Astrid Novamedi utiliza la muerte como su aguja y se sirve de la tragedia como la puntada que facilita una estética sombría y amoral. De esta manera nos encontramos con muertes poco comunes como la mujer que come sopa de letras hasta provocarse un infarto o el hombre que aborrece los lugares comunes y se lanza desde un décimo segundo piso para estrellarse contra un piano, lo que resulta en un cuasi lugar común. Estas muertes aisladas son también el cordón umbilical del texto, sin estas muertes, que conducen a velorios, los inusitados personajes nunca se conocerían y mucho menos convivirían con la vulnerabilidad y naturalidad con que lo hacen. La muerte ajena nos desnuda y, como dice la autora, nos sumerge en los velorios que no son más que los desiertos de la muerte.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
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