Extracto de la novela Ella También Tejía (Novamendi, Astrid, 1997, Ediciones en negativo, Peru) y comentario por Alan Sobrino.
“Se acercó pausada con su irremediable sonrisa mediocre. El platón que sostenía en sus manos parecía cambiante con cada paso que daba, de pronto el viscoso liquido que contenía parecía ensangrentarse y a momentos pintarse del color del cielo en una tarde del Apocalipsis. Se sentó junto a mi y me tocó delicadamente, depositó el platón con Borscht en medio de los cubiertos que enmarcaban mi lugar en la mesa. Los exquisitos vapores de la sopa polaca ensuciaban mi cabello mientras ella acercaba su mano lentamente a mi entre pierna. Ahora me pregunto como pude escaparme de la homosexualidad con una madre como aquella. Con su otra mano llenó una cuchara de borscht que jugó simulando un avión destinado a mi boca. Pude ver la uña de su dedo gordo pintada con una simpática carita feliz que semejaba un piloto kamikaze. El borscht entró a mi boca, yo sabía de antemano que la sopa estaba aderezada con los fluidos menstruales de mi madre.
Ella pensaba que al comer de su sangre estaba acercándome a mi lado femenino, que milagrosamente me haría irresistible a las mujeres. Yo tenía ocho años; sin embargo el sexo no era algo ajeno para mí. La amante de mi madre, la señora Mun, fue la encargada de introducirme a los placeres carnales apenas a la edad de tres años. Aún así no puedo decir que mi infancia fue pura diversión, también hubo momentos malos (…)”
Así comienza la brillantísima autora guatemalteca, Astrid Novamedi su novela “Mi madre tejía” (ediciones en negativo, 1997) en la que narra de manera casi autobiográfica la relación que mantuvo con su hijo, narrada desde el punto de vista de su hijo, tan solo para reafirmarle al lector, pagina tras pagina que ella cree que hizo lo correcto en la crianza de su primogénito. En esta novela Astrid regresa al estilo que la consagro como escritora de culto, ya que al margen del niño y su atípica madre nos cuenta la historia de un hombre que se dedica a estafar estrellas con pintura azul y agua, la vida de una prisión para enanos esquizoide y la muerte de un hombre que es ahorcado por un subversivo vello enterrado que cobra vida y por la noche decide crecer lo suficiente para asfixiar a su dueño. Novamedi engarza estas historias de manera sublime en el capitulo trece apenas habiendo dejado atrás la anécdota de cómo una vez tejió un chaleco usando un par de espinas enterradas en sus dedos como agujas y su vello púbico como estambre. Anécdota que le otorga el titulo a la novela.
Astrid Novamedi ha caído en el olvido de la literatura latinoamericana. Si no fuera por un par de comentarios halagadores por parte de Roberto Bolaño en algunas entrevistas, Novamedi seria parte del olvido. Amiga íntima de Inés Arredondo y algunos otros autores mexicano, Astrid Novamedi se concentró en eludir el mainstream siempre firmando sus textos con seudónimos o nombres de otras personas. No es raro encontrar cuentos de Astrid con el nombre de un supuesto escritor mexicano que solo existió en la imaginación de la guatemalteca. Son autores como Astrid, la mujer con fobia a los botones, los que conforman en realidad a la literatura latinoamericana.

